Seis años de historia, una pandemia por medio y una pedida en una terraza con vistas al mar. Cuando Raquel y Agustín llegaron a Los Chopos, ya lo tenían todo claro: querían que la música contara lo que las palabras a veces no alcanzan. Y vaya si lo consiguieron.
Raquel es de Almansa. Agustín, de Albacete. Se conocieron a distancia hace seis años, casi por casualidad y así empezaron: mensajes, videollamadas y algún encuentro robado antes de que llegara el confinamiento.
Con apenas dos o tres visitas previas, el mundo se cerró. Y sin embargo, lo que entre ellos había crecido siguió haciéndolo, a pesar de todo.
Hoy viven juntos cerca de Alicante, en Altea. Y fue allí, en el puente de diciembre de 2023, donde llegó la pedida. Una terraza privada en un hotel con vistas al Mediterráneo.
Tenían claro que querían casarse a finales de año. Y así fue.



Vestirse para el día más importante
Raquel: elegancia boho con un toque muy personal
Raquel llegó al vestido con una idea muy clara en la cabeza. Visitó Sedka Novias, se probó tres modelos y se quedó con el segundo. Estilo boho, con manguita, un toque de transparencia y sin exceso de cola ni adorno. Justo como lo había imaginado.
La acompañaron su madre y sus hermanos. Cuando dijo que sí, sus padres ya habían decidido que ese vestido sería su regalo.
Para los zapatos, eligió un modelo de Miss Honolulu (Elche). El peinado —versátil, recogido para la ceremonia y suelto para la fiesta— corrió a cargo de Rut Navarro, de The Room. Y el maquillaje, obra de Merce, de La pelirroja malvada.





Las joyas venían cargadas de cariño: unos pendientes largos de perlas blancas, regalo de su suegra, y una pulsera de caña en plata, obsequio de su tía Emilia.
La liga era prestada de su amiga Sandra, que había pasado por el altar el año anterior. Y la ropa interior, regalo de sus amigas.
El ramo y las flores estuvieron a cargo de La Antigua Rosa: tonos otoñales, verdes y marrones, flor preservada. Pero el detalle más emocionante se escondía dentro: una pequeña plaquita, regalo de sus amigas, para que las acompañara ese día una de sus mejores amigas, que había fallecido dos meses antes de la boda.



Agustín: con el sello del músico que lleva siempre encima
Agustín apostó por un traje de Don Félix, regalo de su madre, firmado por David Sotoca, con zapatos de la misma casa.
El reloj fue un regalo de su hermano Eduardo, de El Diamante Azul. Y los gemelos tenían una historia propia: en la boda de Pablo, el cantante de su grupo de música, le regalaron unos con el logo de la banda. Los lució ese día con todo el orgullo.
El prendido floral vino también de La Antigua Rosa. Para las alianzas, eligieron Los Ángeles, en Almansa. Y los primos de Raquel bordaron el portalianzas a mano.








Cuando las canciones cuentan lo que las palabras no alcanzan
La ceremonia civil se celebró en Los Chopos, y el hermano de Raquel, Juan, y su cuñada Ángela, ejercieron como maestros de ceremonias con un discurso muy personalizado que emocionó a todos.
Las lecturas corrieron a cargo de familiares y amigos de las dos partes. Se juntó mucha gente joven, y se notó: había energía y ganas desde el principio.
La música fue el hilo conductor de la ceremonia desde el principio. Escogieron fragmentos de canciones del grupo de Agustín que, uno a uno, fueron describiendo su historia y el amor que se llevan.





Una forma de contar quiénes son a través de lo que más les une: dos personas que llevan su vida, se quieren con libertad y han construido juntos algo que es de los dos.
También estuvo muy presente el recuerdo de quienes no pudieron estar ese día: con su canción favorita, en un momento íntimo y muy pensado.
Para cerrar la ceremonia, cada uno vertió arena de su tierra en un cuadro con una foto de los dos. El botecito de Raquel lo había bordado en croché su propio hermano.




Los Chopos, sin dudarlo
Elegir Los Chopos como lugar para celebrar su boda no fue una decisión difícil para Raquel y Agustín.
El hermano de Agustín y su amigo Pablo ya se habían casado allí, y las referencias que tenían eran las mejores.
Cuando lo visitaron, lo tuvieron claro. Querían un espacio que se adaptara a la celebración que tenían en mente: grande, festiva y con alma. Los Chopos fue exactamente eso.
Contra todo pronóstico
La previsión meteorológica del día anterior asustaba. Viento, nubes, posibilidad de lluvia antes y después.
Pero el día de la boda amaneció espectacular, y todo pudo celebrarse en el exterior.


El cóctel fue generoso y variado: jamonero, mesa de quesos, mesa de hummus, torrezno, mousse de bacalao con patata y una mesa de cócteles y vermut que fue el punto de encuentro.
Del cóctel, la pareja reconoció haber probado poco. Cuando uno es el protagonista, cuesta parar.
La sorpresa llegó de la mano de Juan y Eva, hermanos de Raquel, y su sobrina Belén que regaló a la pareja un espectáculo de telas acrobáticas en pleno cóctel. Belén actuó junto a su compañera Elena Ruano. Un momento que los novios no esperaban, pero que es de esas sorpresas que no se olvidan.



El salón que se convirtió en sala de conciertos
El salón ya lo decía todo antes de que nadie se sentara. Los marcasitios eran discos de vinilo en miniatura, de madera, con el nombre de cada invitado junto al de los novios y la fecha.
Y las mesas llevaban nombres de grupos y bandas, porque la música no iba a quedarse solo en la ceremonia.
La entrada fue una producción en toda regla: un remix con una introducción creada con inteligencia artificial que presentaba a los novios de forma épica.
Cuando entraron, Pablo disparó el humo. Sonaron Los perros, de Arde Bogotá y Danza Kuduro. El ambiente se encendió desde el primer segundo.




Y no decayó. Raquel y Agustín se habían asegurado de eso. Cada mesa tenía su propio manager, encargado de organizar al grupo cuando sonaba su canción: todos a la pista, instrumentos hinchables en mano, a improvisar una actuación.
Hubo risas, caos organizado y muchas ganas de pasarlo bien.
El menú fue de los que marcan el ritmo de la noche: mariscada, rodaballo, pluma ibérica, un sorbete a mitad para recuperar el pulso… y tarta de torrija como broche. Pocos finales mejores.





Lo que se prepara con tiempo y se recibe con sorpresa
Los invitados se llevaron a casa tarritos de miel de apicultor artesano de Ayora, Miel de flor de flor, de José Miguel Micó Catalá. Un recuerdo con nombre propio y sabor auténtico.
Pero las sorpresas de verdad llegaron de los amigos. Primero, les prepararon un vídeo que retrataba cómo son Raquel y Agustín dentro de su pandilla, de esos que te hacen reír y emocionarte a la vez.
Las amigas de Raquel montaron un Escape Room de exploradores: pistas, pruebas y un código para abrir una caja, pensado a medida para su afición a la montaña.
Y los amigos del gimnasio, con el entrenador al frente, organizaron una sesión de burpees que nadie vio venir.




También hubo subasta de la ropa íntima del novio y varios manteos a la pareja, como manda la tradición más festiva.
El cariño, como suele pasar, también fue en sentido contrario. Los novios regalaron a sus padres cartas escritas a mano.
A sus hermanos, Eva y Juan, Edu y Álex, les prepararon unas caricaturas personalizadas.
Y Agustín reservó un gesto especial para sus amigos del grupo: un diseño en Photoshop con las iniciales de la banda, fotos de conciertos y una frase dedicada a cada uno.
Raquel, por su parte, había guardado el ramo de flores para su abuela.


La mejor sorpresa de la noche
La tarta llegó al ritmo de 32 escaleras, de Rulo y la Contrabanda, con los nombres de los novios encima.
Pero el momento de la noche estaba por llegar. Raquel y Agustín, con todo lo que habían organizado, se dejaron llevar por el tiempo y el baile se les echó encima.
Así que Agustín subió al escenario e hizo lo más natural para él: un discurso. Presentó la noche, calentó al personal y dio paso a lo que todos ya esperaban: el conciertazo.


Lo que poco sabía el novio es que antes de empezar, sus compañeros de No Drop for Us le tenían preparada una sorpresa.
Una batería nueva, una Santa Fe, que estrenaron allí mismo. Cuatro canciones después, tomó el relevo Efectiviwonders, quienes tocaron hasta la recena.
El fotomatón de Sapaflash estuvo activo cuatro horas, con mesa de atrezzo completa y un rincón de glitter que habían montado los propios Raquel y Agustín.
Y Luis Paterna se encargó de que nada quedara sin capturar, desde los primeros nervios de la mañana hasta los últimos bailarines de la noche.




Cuando todo acabó, pusieron rumbo a Praga, Hungría y Budapest. Un viaje organizado por ellos mismos, a su manera, como todo lo que hacen.
Raquel y Agustín, gracias por traer vuestra historia a Los Chopos. Por confiar en nosotros para un día que llevabais tanto tiempo imaginando.
Fue una boda con mucha música, mucho cariño y una pandilla que dejó claro que sabe disfrutar. Ojalá cada aniversario tenga algo de todo esto.
Y a ti, si has leído hasta aquí, y ahora mismo estás preparando tu boda, quizás la de Raquel y Agustín te haya dado nuevas ideas.
Aquí tienes el resumen de los colaboradores de su boda, por si quieres una ayuda extra.
Lugar de Celebración: Los Chopos (@LosChopos_)
Fotografía: Luis Paterna (@luispaterna.fotografia)
Vestido de novia: Sedka Novias (@sedka_novias)
Zapatos de la novia: Miss Honolulu (@misshonolulu_shoes)
Peluquería: The Room (@salontheroom)
Maquillaje: La Pelirroja Malvada (@pelirroja_malvada)
Alianzas: Taller Joyería Los Ángeles (@tallerdejoyerialosangeles)
Traje del novio: Don Félix (@donfelix_moda)
Decoración floral y ramo de novia: La Antigua Rosa (@la__antigua_rosa)
Espectáculo de cintas aéreo: Elena Ruano (@elenaruano.aereos)
Regalo de invitados (miel artesana): Flor de flor (@mielflordeflor)
Grupo de música del novio: No Drop for us (@nodropforus)
Grupo de música para amenizar la noche: Efectiviwonders (@efectiviwonders)
Fotomatón: Sapaflash (@sapaflash)






