Se conocieron por Tinder, se prometieron al amanecer en el Camino de Santiago y celebraron su boda como mejor saben: sin protocolos, con mucho color y rodeadas de quienes más quieren. Así fue el día de Anett y Sarah en Los Chopos. Una historia que merece leerse hasta el final.
Una cita de 74 horas y una vida que empezó a toda velocidad
Anett es húngara, pero lleva más de veinte años en España y su base ha sido siempre Tomelloso. Sarah es de Albacete.
Ambas compartían un grupo de amigos desde hacía tiempo, pero sin demasiado trato. Coincidían en algún cumpleaños, se saludaban, y poco más. Fue Tinder quien hizo el resto.
Quedaron por primera vez y la conexión fue inmediata. Tan inmediata que aquella primera cita duró 74 horas.
A los dos meses, ya vivían juntas. A los tres, acogieron un perro. Y así, a su manera, fueron construyendo su historia.


El amanecer, un mirador y una cinta en los ojos
La pedida llegó en el Camino de Santiago. Anett llevaba el anillo en la mochila desde el principio.
Subieron a un mirador a las 7.30 de la mañana para ver el amanecer. Anett le puso una cinta en los ojos a Sarah y fue guiándola entre los carteles, mientras grababa la reacción.
Al quitarse la cinta, Sarah vio a Anett de rodillas.



Dos estilos, una misma personalidad
Sarah: de vestido de fiesta a mono con Converse de leopardo para el baile
Sarah encontró su vestido por Internet. Lo vio en Zalando, salió a buscar alternativas para salir de dudas, y terminó pidiendo aquel primero. Sin más vueltas: ese era el suyo.
Durante la celebración, se cambió a un mono de Shein para seguir la fiesta con más comodidad, y para el baile, se calzó unas Converse de leopardo.
El peinado y el maquillaje fueron un regalo muy especial de uno de los invitados a la boda, quien hizo posible que tanto Sarah, como Anett, se dejaran cuidar por Fernando López y lucieran perfectas en su gran día.





Anett: traje de tres piezas en blanco roto, elegido por Sarah
Anett tenía claro que quería traje. Y fue Sarah quien terminó de decidirlo: eligió un conjunto de tres piezas en blanco roto de Guess.
Y lució unas zapatillas de leopardo de deporte que siguieron la temática del día hasta en el último detalle. Anett completó su look con un colgante de X, regalo de Sarah.
Las alianzas las encontraron en un mercado medieval, en la Feria de Orihuela, en el puesto de Antonio, un artesano catalán. Fundador de Toomai Jewelry.
Les tomó medida allí mismo y les envió los anillos a casa. Un hallazgo que no estaba en ningún plan, pero que resultó ser el más especial.
Anett y Sarah eligieron globos, en lugar de ramos. Y para eso contaron con alguien de casa: el primo de Sarah, a través de Ilusión Global (La Roda), sumó ese toque festivo y colorido que las dos buscaban.





Una ceremonia al son de Toxic, mil pajaritas y mucho amor
La ceremonia civil se celebró en Los Chopos, con ochenta invitados y un ambiente que desde el primer momento fue exactamente lo que Anett y Sarah querían: desenfadado, emocionante y muy suyo.
Y la celebración empezó antes de llegar. Vania, una de las maestras de ceremonia, se subió al autobús que trasladaba a los invitados desde Albacete hasta La Gineta, convirtiendo el trayecto en el primer juego del día: bingo incluido.
La otra maestra de ceremonias fue Drag Grace. Anett y Sarah se pusieron en contacto con Vania, quedaron en Madrid y enseguida supieron que era la persona perfecta: encajó la fecha, conoció a las protagonistas, y construyó desde ahí un acto pensado para ellas.




Las novias entraron juntas al ritmo de Toxic, de Britney Spears, en versión instrumental.
Diez personas tomaron la palabra durante la ceremonia, aunque hacía mucho calor y fueron breves para que la ceremonia fuera fluida.
Hubo quien no paró de llorar en toda la ceremonia. Y no era para menos.
Entre los momentos más emotivos, un regalo que Sarah no esperaba: Anett le preparó mil pajaritas de papel.
Y es que dicen que quien se toma el tiempo de hacer mil pajaritas regala la felicidad eterna.




La ceremonia cerró con los votos y el intercambio de alianzas. Un amigo de la pareja, Álvaro, capturó desde el aire los momentos más especiales con su dron, dejando imágenes de una ceremonia que se sintió como un festival íntimo.






Por qué Los Chopos fue su lugar
Para Anett y Sarah, la elección del espacio fue sencilla. Fueron a verlo, les gustó y no buscaron más. Un sitio que sintieron como propio desde la primera visita y que, el día de la boda, demostró que acertaron.
Sin mesas, sin protocolo: una fiesta de estaciones y sabores
El calor hizo que todo el mundo pasara directamente al salón, pero lejos de restar, sumó.






La celebración se planteó solo como cóctel, con estaciones temáticas al estilo food truck, con mucho producto y sabor manchego.
La barbacoa rumana con parrilla en vivo y carne de El hermano pequeño, fue una de las grandes sorpresas. También hubo croquetas, gildas, hummus y embutido rumano.
El equipo de Los Chopos se encargaron de acercar comida a la pareja, sabiendo que entre saludos y abrazos era difícil llegar a las estaciones.




Un gesto que Anett y Sarah agradecieron mucho. Además, un detalle que no pasó desapercibido es que todo el equipo lucía pajaritas de animal print, siguiendo la temática hasta en los últimos rincones.
El cierre dulce llegó con un carrito de postres con distintos tipos de tarta.





Detalles que contaban una historia
Anett y Sarah prepararon un periódico de dos hojas para que los invitados pasaran un buen rato.
Incluía una sopa de letras, una sección de contactos al estilo Tinder para los solteros de la boda, un test de ‘¿qué tipo de invitado eres?’ y hasta el horóscopo del día.
Una idea con mucha personalidad y un trabajo de diseño a cargo de las propias novias —Sarah es diseñadora gráfica y Anett, tatuadora—, que cuidaron mucho toda la imagen gráfica de este día.
Además, cada invitado recibió un abanico personalizado y un paquete de pañuelos con un mensaje muy claro: solo para lágrimas de felicidad.



Las fotógrafas de la boda, Una de mar y otra de arena, crearon un rincón donde los invitados podían hacerse la foto que quisieran.
Ellas las imprimían al momento, las enmarcaban y las entregaban en papel. Un recuerdo instantáneo que cada uno se llevó a casa.
Los invitados que quisieron tener un detalle con las novias encontraron un buzón de temática animal print donde dejar sus sobres.

Y las novias también recibieron su sorpresa: un grupo de invitados se unió para regalarles un álbum con sobres, una foto de cada uno y una carta escrita a mano. Un regalo que guardarán para siempre.


La tarta, el baile y una coreografía de High School Musical
La tarta, con su momento de corte y brindis, cerró la parte más formal del día antes de que la fiesta tomara el mando definitivamente.

El plato fuerte llegó con el baile. La elección no podía ser más suya: Bop To The Top, de High School Musical.
Lo prepararon con su amigo Andrés, coreógrafo, que adaptó los pasos a su estilo.
Cuatro clases, más muchas horas de práctica en casa, dieron como resultado una coreografía que arrancó una ovación




Una noche que no bajó el ritmo en ningún momento
La fiesta arrancó con Dance The Night, de Dua Lipa, marcando la entrada a la barra libre. Y desde ahí, no paró.

En el centro del salón, una tarima. Y entre baile y baile, los invitados descubrieron distintos rincones pensados para seguir la fiesta…
El fotomatón de Eventtio capturó los momentos más espontáneos. La mesa de glitter se llenó con tatuajes temporales de las mascotas de las novias.

Y se hizo una entrega de premios con mini trofeos personalizados que llevaban etiquetas y nombres divertidos para cada invitado.
Dita The Vain, icono drag de Albacete, fue la encargada del show y la animación durante toda la noche.

Junto a ella, la DJ Astrabomb mantuvo el ambiente desde la cabina para que la energía nunca decayera.
Y cuando ya nadie lo esperaba, apareció la recena: McDonald ‘s. Hamburguesas, nuggets y patatas que volaron en cuestión de minutos. Hubo quien repitió hasta siete veces.
Resumen de la noche: 41 botellas de alcohol. Y un último autobús que salió a las doce de la noche, con los últimos invitados que se resistían a que el día acabara.


Un viaje para seguir la historia
Tras la boda, Anett y Sarah viajaron a Budapest —para las fiestas de finales de agosto—, Viena y Praga.
Anett y Sarah, gracias por elegirnos para acompañaros en un día tan especial.
Vuestra forma de celebrar, de cuidar los detalles y de hacer que cada persona se sintiera parte de algo bonito es un ejemplo de lo que puede ser una boda cuando se hace desde la autenticidad.
Os deseamos toda la felicidad en esta nueva etapa y que sigáis construyendo vuestra historia con intensidad.
Y a ti, si has leído hasta aquí, y ahora mismo estás preparando tu boda, quizás la de Anett y Sarah te haya dado nuevas ideas.
Aquí tienes el resumen de los colaboradores de su boda, por si quieres una ayuda extra.
Lugar de Celebración: Los Chopos (@LosChopos_)
Fotografía: Una de mar y otra de arena (@unademaryotradearena)
Peluquería y maquillaje: Fernando López (@ferlopez_salon)
Globos decorativos: Ilusión Global (@ilusion_global)
Alianzas: Toomai Jewelry (@toomai_jewelry)
Maestras de boda: Vania Vainilla (@vaniavainilla) y Drag Grace
Dron: Álvaro (@alv.mln)
Carnicería: El pequeño hermano (@los_hermanos.albacete)
Coreografía a cargo de: Andrés Guarin (@daansser)
Fotomatón: Eventtio (@eventtio)
Espectáculo para la fiesta: Dita The Vain (@ditathevain)
DJ: AstraBomb (@astrabomb)






